La captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán el 8 de enero de 2016 no terminó cuando el narcotraficante fue entregado a la Marina. Para los dos policías federales que lo interceptaron en Los Mochis, Sinaloa, aquel momento significó también el inicio de un protocolo de protección que los mantuvo fuera de México durante varios años.
Su historia volvió a generar interés tras el estreno de “La captura”, película de Netflix dirigida por Chava Cartas y protagonizada por Alfonso Herrera, Noé Hernández y Héctor Kotsifakis. La cinta retoma las crónicas del periodista Héctor de Mauleón sobre aquella jornada, aunque utiliza personajes ficticios y recursos propios de una producción cinematográfica.
La pregunta que ahora surge es qué ocurrió con los agentes reales después de entregar a uno de los narcotraficantes más buscados del mundo. La información disponible permite reconstruir parte de ese recorrido, aunque su identidad y su situación actual no son públicas.
La detención ocurrió durante la madrugada del 8 de enero de 2016, en Los Mochis, Sinaloa, como parte de la operación conocida como Cisne Negro.
Elementos de la Secretaría de Marina habían localizado un inmueble donde se encontraba Guzmán Loera junto con su jefe de seguridad, Jorge Iván Gastélum Ávila, conocido como “El Cholo Iván”. Sin embargo, cuando las fuerzas federales ingresaron al domicilio, ambos ya habían escapado por el sistema de drenaje.
Después de salir de las alcantarillas, Guzmán y Gastélum abordaron un vehículo. El automóvil tenía reporte de robo y fue interceptado por dos policías federales que realizaban un patrullaje de rutina.
Fue entonces cuando los agentes descubrieron quiénes eran las personas que llevaban frente a ellos.
La situación que siguió es el punto central de La captura: los policías tenían bajo custodia a Guzmán Loera y a “El Cholo Iván”, pero no sabían con certeza en quién podían confiar dentro de la propia estructura de seguridad.
De acuerdo con lo relatado posteriormente por De Mauleón, los agentes decidieron informar de la detención por teléfono y no mediante la radio, debido al temor de que la frecuencia pudiera estar intervenida.
La historia también incluye los intentos de Guzmán para conseguir su libertad. Las crónicas que sirvieron de base para la película relatan que los agentes enfrentaron ofertas económicas y amenazas mientras mantenían bajo custodia al narcotraficante.
El problema no era solamente decidir si entregarían al detenido. También existía el temor de que alguna persona a la que reportaran la situación estuviera vinculada con el grupo criminal.
De Mauleón resumió ese escenario de la siguiente manera: “En ese momento no sabían en quién confiar; podía estar tu jefe en la nómina o el jefe de tu jefe”.
Según la información retomada de sus declaraciones, los agentes finalmente mantuvieron la custodia de Guzmán y “El Cholo Iván” hasta que elementos de la Marina llegaron para hacerse cargo de ellos.
Después de la detención, los dos agentes recibieron un reconocimiento interno por su actuación. Sin embargo, la prioridad de las autoridades habría sido evitar que sus identidades fueran conocidas públicamente debido al riesgo de represalias.
“Estos policías venían en el avión, estuvieron durante la presentación de El Chapo con pasamontañas y después de eso fueron condecorados en una ceremonia secreta para mantener oculta su identidad y luego los mandaron fuera del país a cubrir comisiones para protegerlos como agregados en embajadas”, explicó Héctor de Mauleón.
De acuerdo con lo revelado por él los policías fueron enviados al extranjero como agregados en embajadas mexicanas. La medida habría tenido como objetivo mantenerlos alejados del alcance del crimen organizado y protegerlos junto con sus familias.
Durante los últimos años del gobierno de Enrique Peña Nieto permanecieron fuera del país. Por razones de seguridad, sus nombres reales no fueron divulgados.
Aquí es importante distinguir entre lo que está documentado públicamente y lo que ha sido revelado por fuentes periodísticas.
No existe información oficial disponible que permita identificar a los dos agentes, conocer públicamente sus nombres o confirmar cuál es actualmente su puesto específico.
Lo que De Mauleón ha señalado es que ambos regresaron a México después de la desaparición de la Policía Federal y que habrían quedado sin el esquema de protección internacional que tuvieron durante los años posteriores a la captura.
Por ello, no es correcto afirmar como un hecho confirmado que actualmente estén realizando una determinada función policial o que se conozca públicamente su paradero.
Su anonimato se mantiene precisamente por las razones que rodearon su protección después de la captura.

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